“Escribe cuando sea imprescindible, cuando
duela más no hacerlo que hacerlo”
Entonces levanto la cabeza y
sonrío. Esa soy yo. Me siento tremendamente identificada con ese hecho. De
escritor a amante de la escritura. Para eso escribo, para que deje de doler,
para que sea menos doloroso. Para aclarar las ideas. Escribo en ese momento
porque es el momento en el que hay algo que escribir. Algo que decir. De
repente me encuentro recitando frases en mi cabeza, frases que son de mi
creación, frases que luchan por ser escritas. Y tengo que escribirlas. Cuando
llegan no se pueden ignorar. Se aglutinan en mi cabeza frases impregnadas de
sentimientos, de sensaciones, y yo me siento con la necesidad de coger esas
sensaciones y ponerlas por escrito, de ordenarlas, de controlarlas, de lo
contrario ellas me controlan a mí. Son esos momentos en los que se tienen los
sentimientos a flor de piel, ese momento en el que te sientes débil pero fuerte
a la vez.
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